La oscuridad, no le dejaba ver nada, tumbado en su cama casi
no podía ni respirar, sus ojos estaban encharcados en lágrimas. A veces las
cosas no son lo que parece... Por la calle, él paseaba alegre, respiraba hondo,
se sentía liberado, su corazón palpitaba despacio, sentía la libertad de ser el
mismo, saludaba a la gente, se paraba a hablar con los conocidos, se sentía
querido, valorado... Miraba al mar y pensaba en su pasado, drogas, alcohol, la
vida perdida.
Hasta que apareció ella, rubia, delgada, con una mirada dulce...
Pero todo esto fué cambiando poco a poco... Se transformó, empezó a ser como un
verdugo para él, él era débil, inexperto, solitario, no tenía a nadie en la
vida, así que ella se aprovechó de esta situación, y le envolvió, le encerró en
una cárcel de sentimientos tristes y dolorosos. Cuando volvía del trabajo,
toda su vida cambiaba, esa casa para él era cuatro paredes, llenas de dolor,
oscuridad, polvo, tristeza, humillación, desesperación, recuerdos...
Unos
recuerdos que no volverán, unas personas que desaparecieron, sus padres
fallecidos, el dolor del pasado cada vez le consumía más, y la soledad era cada
vez mayor, se miraba al espejo cada madrugada y sólo veía deterioro, arrugas,
ojeras, heridas abiertas que se curarán pero jamás cicatrizarán, su mente
empezaba a enfermar, cada vez se iba debilitando más, sus manos notaban el paso
del tiempo, su cuerpo notaba la llegada, el fin, esa noche decidió, cerrar los
ojos y no despertar más...
Ella al final acabo con su vida, lo hizo poco a poco,
pero para él no fué una sorpresa, le habían dado un año de vida... Esa
enfermedad era irreversible... Y esa noche era la última que él se sentiría
solo...
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